VICIOS EN LA EVALUACIÓN EN LA EDUCACIÓN SUPERIOR
1. Acordamos en que la evaluación es una tarea compleja,
sobre la que es necesario reflexionar para tomar distancia de las prácticas
históricas que muchas veces condicionan nuestra tarea docente desde una antigua
experiencia como alumnos.
Jorge Steiman, en su libro Más didáctica (en la educación
superior) vuelve a situar la atención en el peso de la historia y el lugar del
poder.(Jimena)
1.1. “...las
prácticas de evaluación han tenido y tienen un componente histórico que da
cuenta de su constitución como un tipo de prácticas en las que el único que
evalúa es el docente, lo único que se evalúa es el saber de los alumnos, sus
resultados son indiscutibles (...) se la usa como un instrumento de poder, como
un instrumento de demarcación de la autoridad, como un instrumento de castigo”
Steiman analiza desvirtuaciones o vicios en las prácticas de
evaluación, que tienen lugar en especial en la educación superior:
1.
Lo que está
en juego en la evaluación es cuánto sabe el alumno (y no qué y cómo lo sabe). Evaluamos
la “enunciación” de los contenidos. Nos contentamos con que los estudiantes
hagan referencia literal a los textos en lugar de pedir una reelaboración,
algún análisis, la búsqueda de relaciones o la integración de diversos
conceptos.
(Soledad de Los Santos).
2.
Sólo hay que
evaluar lo que el alumno tiene que saber: muchas veces sólo evaluamos un saber dentro de la estructura
de saberes que nosotros, abiertamente, hemos considerado lo más relevante
dentro de nuestro campo disciplinar. Cuando trabajamos con adultos, que han
pasado por diversas prácticas y experiencias formativas y laborales,
seguramente nos encontramos con alumnos que saben mucho más, o “ diferente” de lo que nosotros esperamos.
En estas situaciones se pone en juego nuestra capacidad de dialogar y aprender
con el otro. Adoptar una posición inflexible contradice toda demarcación de
constructivismo.(Lorena González)
3.
El principal sentido en la enseñanza es que
aquello que se enseña será evaluado.
Muchas veces nos desespera que el interés principal de los
estudiantes sea aprobar, y no aprender. Pero tendríamos que preguntarnos cómo
nosotros como docentes vamos reforzando esas ideas cuando, por ejemplo, en la
primera clase nos limitamos a dar una explicación detallada de todas las
condiciones requeridas para aprobar la materia, y enseñamos porque vamos a
evaluar (“Atiendan bien esto que es pregunta de examen…”)
(Valentina Artús).
4- EVALUACIÓN Y
ENSEÑANZA SON PROCESOS INDEPENDIENTES.
Esta distorsión es común en el
ámbito universitario, donde la enseñanza está a cargo de docentes adjuntos o
jefes de trabajos prácticos, y la evaluación a cargo del profesor titular, lo
que hace que el tipo de tareas pedidas en la evaluación no necesariamente se
corresponda con los contenidos enseñados, y menos aún con el tipo de estrategia
y actividades realizadas durante el curso. LARA
5.
La evaluación es
un punto de llegada. ¿Qué sucede entonces con los estudiantes desaprobados?
Seguramente, no podemos atenderlos fuera de los tiempos que marca la agenda
educativa, pero tampoco deberíamos dejarlos con un “para la próxima vez estudia
más”, porque especialmente en los primeros años de una carrera universitaria,
el problema es que el alumno no aprendió todavía a estudiar, no logró
apropiarse de la lógica que caracteriza a las categorías conceptuales y los
problemas de la disciplina, y la
próxima vez que prepare el examen, tampoco podrá aprobarlo sin una intervención
desde la enseñanza.
6.
La evaluación final comienza bajo el supuesto de
descubrir que es lo que el alumno no sabe. Algunos exámenes finales son un ping
pong donde el docente hurga hasta encontrar el punto débil del estudiante, y
seguir indagando sobre el.(Jimena)
7.
La corrección
de un parcial escrito se reduce a poner una nota. Steiman analiza las
intervenciones (comentarios e indicaciones) de los profesores a la hora de
devolver un examen escrito. Algunos profesores sólo devuelven el examen con la
nota, otros con cruces o subrayados en los párrafos con errores, o brevísimos
comentarios del tipo de “mal elaborado”, “error conceptual”, pero generalmente
marcan sólo el error y califican (restando) a partir de él. La devolución de
estos exámenes no genera ningún aprendizaje. Muchas veces los estudiantes, ante
tan escuetos indicadores, no entienden el sentido de la correcciones, que
“esperábamos”, y se quedan con la idea de que el docente pide reproducciones
textuales, cuando, por ejemplo, faltó claridad en la exposición. Otro vicio es
no señalar los aspectos positivos. Una nota alta puede indicar que el alumno
estudió, pero también que hizo un buen desarrollo conceptual, que fue original,
que supo establecer relaciones… sería bueno que lo expresáramos. (Florencia Sellanes).
8.
Las notas son necesarias e imprescindibles.
Steiman se posiciona contra los que argumentan que las notas estimulan, y que
si no existieran, los alumnos estudiarían lo mínimo para aprobar. Afirma que
las notas son arbitrarias (“ que diferencia real hay entre 5 y un 6?- en la
escala del 1 al 10”) y que llevan a trabajar ineludiblemente con patrones de
medida. Especialmente en el nivel de postgrado, sería más coherente usar la
escala aprobado desaprobado, o evaluar combinando devoluciones cualitativas con
escalas cuantitativas. Por esta decisión escapa muchas veces a la voluntad del
docente (María Eugenia).
9.
Los “choice”
son objetivos. Especialmente en
los ingresos universitarios y más cerca, en las aulas virtuales, las pruebas de
múltiple opción son muy comunes. Es cierto que son útiles cuando la cantidad de
estudiantes es muy grande, pero lo que no es cierto es que sean “objetivas”.El
análisis crítico de estas pruebas mostró que la “objetividad” se restringía al
momento de la corrección de los ítems, dado que su construcción prevé sólo
marcar la alternativa correcta o seleccionar una entre varias, de modo tal que
cualquier persona (o un software de los muchos integrados o no en las
plataformas virtuales, como Hot Potatoes) podría corregirlas sin
dudar, es decir, marcar y contar cuántos aciertos tuvo cada alumno. Pero dicha
“objetividad no existe en el momento de construir la prueba, de decidir qué
cuestiones abarcaría y cuáles quedarían fuera, cuáles serían las alternativas o
distractores de la respuesta esperada, y qué peso o puntaje tendría cada ítem.
(Guillermo Lugo).
10.
Proponer la autoevaluación es hacer
demagogia. Autoevaluarse es poder valorar un proceso que se está viviendo
(el aprendizaje) y los resultados parciales alcanzados. Autoevaluarse es
analizar con sentido crítico, descubrir logros e identificar obstáculos, es
hacer un ejercicio metacognitivo tan importante como aprender los contenidos de
la materia. (Karina Montaño)
11.
La calidad
de la formación superior se soluciona con un buen sistema de tra exámenes ( de
ingreso y/o de egreso). Al respecto,
Steiman cita a Ángel Díaz Barriga:
… el examen es solo un instrumento que no puede por sí mismo
resolver los problemas que se han generado en otras instancias sociales. No
puede ser justo cuando la estructura social es injusta; no puede mejorar la
calidad de la educación cuando existe una drástica disminución del subsidio y los docentes se encuentran mal
retribuidos, no pueden mejorar los procesos de aprendizaje de los estudiantes
cuando no se atiende ni la conformación
intelectual de los docentes , ni al estudio de los procesos de
aprendizaje de cada sujeto , ni a un análisis de sus condiciones materiales.
Todos estos problemas, y muchos otros que convergen detrás del examen, no
pueden ser resueltos favorablemente sólo a través de este instrumento. “( María
José Cuadrado).
12.
Los docentes
necesitamos capacitación específica sobre herramientas de evaluación.
El problema de la evaluación en el nivel superior no se
soluciona capacitando a los docentes para que elaboremos mejores “pruebas
objetivas” o tomemos parciales con problemáticas que eviten la repetición
memorística de los contenidos. No se trata (solamente) de un problema técnico,
de aprender herramientas para evaluar, sino de entender la evaluación como un
aspectos de todo proceso de enseñanza y de aprendizaje. (Karina Montaño)
VICIOS EN LA EVALUACIÓN EN LA EDUCACIÓN SUPERIOR
1. Acordamos en que la evaluación es una tarea compleja,
sobre la que es necesario reflexionar para tomar distancia de las prácticas
históricas que muchas veces condicionan nuestra tarea docente desde una antigua
experiencia como alumnos.
Jorge Steiman, en su libro Más didáctica (en la educación
superior) vuelve a situar la atención en el peso de la historia y el lugar del
poder.(Jimena)
Steiman analiza desvirtuaciones o vicios en las prácticas de
evaluación, que tienen lugar en especial en la educación superior:
1.
Lo que está
en juego en la evaluación es cuánto sabe el alumno (y no qué y cómo lo sabe). Evaluamos
la “enunciación” de los contenidos. Nos contentamos con que los estudiantes
hagan referencia literal a los textos en lugar de pedir una reelaboración,
algún análisis, la búsqueda de relaciones o la integración de diversos
conceptos.
(Soledad de Los Santos).
2.
Sólo hay que
evaluar lo que el alumno tiene que saber: muchas veces sólo evaluamos un saber dentro de la estructura
de saberes que nosotros, abiertamente, hemos considerado lo más relevante
dentro de nuestro campo disciplinar. Cuando trabajamos con adultos, que han
pasado por diversas prácticas y experiencias formativas y laborales,
seguramente nos encontramos con alumnos que saben mucho más, o “ diferente” de lo que nosotros esperamos.
En estas situaciones se pone en juego nuestra capacidad de dialogar y aprender
con el otro. Adoptar una posición inflexible contradice toda demarcación de
constructivismo.(Lorena González)
3.
El principal sentido en la enseñanza es que
aquello que se enseña será evaluado.
Muchas veces nos desespera que el interés principal de los
estudiantes sea aprobar, y no aprender. Pero tendríamos que preguntarnos cómo
nosotros como docentes vamos reforzando esas ideas cuando, por ejemplo, en la
primera clase nos limitamos a dar una explicación detallada de todas las
condiciones requeridas para aprobar la materia, y enseñamos porque vamos a
evaluar (“Atiendan bien esto que es pregunta de examen…”)
(Valentina Artús).
4- EVALUACIÓN Y
ENSEÑANZA SON PROCESOS INDEPENDIENTES.
5.
La evaluación es
un punto de llegada. ¿Qué sucede entonces con los estudiantes desaprobados?
Seguramente, no podemos atenderlos fuera de los tiempos que marca la agenda
educativa, pero tampoco deberíamos dejarlos con un “para la próxima vez estudia
más”, porque especialmente en los primeros años de una carrera universitaria,
el problema es que el alumno no aprendió todavía a estudiar, no logró
apropiarse de la lógica que caracteriza a las categorías conceptuales y los
problemas de la disciplina, y la
próxima vez que prepare el examen, tampoco podrá aprobarlo sin una intervención
desde la enseñanza.
7.
La corrección
de un parcial escrito se reduce a poner una nota. Steiman analiza las
intervenciones (comentarios e indicaciones) de los profesores a la hora de
devolver un examen escrito. Algunos profesores sólo devuelven el examen con la
nota, otros con cruces o subrayados en los párrafos con errores, o brevísimos
comentarios del tipo de “mal elaborado”, “error conceptual”, pero generalmente
marcan sólo el error y califican (restando) a partir de él. La devolución de
estos exámenes no genera ningún aprendizaje. Muchas veces los estudiantes, ante
tan escuetos indicadores, no entienden el sentido de la correcciones, que
“esperábamos”, y se quedan con la idea de que el docente pide reproducciones
textuales, cuando, por ejemplo, faltó claridad en la exposición. Otro vicio es
no señalar los aspectos positivos. Una nota alta puede indicar que el alumno
estudió, pero también que hizo un buen desarrollo conceptual, que fue original,
que supo establecer relaciones… sería bueno que lo expresáramos. (Florencia Sellanes).
8.
Las notas son necesarias e imprescindibles.
Steiman se posiciona contra los que argumentan que las notas estimulan, y que
si no existieran, los alumnos estudiarían lo mínimo para aprobar. Afirma que
las notas son arbitrarias (“ que diferencia real hay entre 5 y un 6?- en la
escala del 1 al 10”) y que llevan a trabajar ineludiblemente con patrones de
medida. Especialmente en el nivel de postgrado, sería más coherente usar la
escala aprobado desaprobado, o evaluar combinando devoluciones cualitativas con
escalas cuantitativas. Por esta decisión escapa muchas veces a la voluntad del
docente (María Eugenia).
9.
Los “choice”
son objetivos. Especialmente en
los ingresos universitarios y más cerca, en las aulas virtuales, las pruebas de
múltiple opción son muy comunes. Es cierto que son útiles cuando la cantidad de
estudiantes es muy grande, pero lo que no es cierto es que sean “objetivas”.El
análisis crítico de estas pruebas mostró que la “objetividad” se restringía al
momento de la corrección de los ítems, dado que su construcción prevé sólo
marcar la alternativa correcta o seleccionar una entre varias, de modo tal que
cualquier persona (o un software de los muchos integrados o no en las
plataformas virtuales, como Hot Potatoes) podría corregirlas sin
dudar, es decir, marcar y contar cuántos aciertos tuvo cada alumno. Pero dicha
“objetividad no existe en el momento de construir la prueba, de decidir qué
cuestiones abarcaría y cuáles quedarían fuera, cuáles serían las alternativas o
distractores de la respuesta esperada, y qué peso o puntaje tendría cada ítem.
(Guillermo Lugo).
10.
Proponer la autoevaluación es hacer
demagogia. Autoevaluarse es poder valorar un proceso que se está viviendo
(el aprendizaje) y los resultados parciales alcanzados. Autoevaluarse es
analizar con sentido crítico, descubrir logros e identificar obstáculos, es
hacer un ejercicio metacognitivo tan importante como aprender los contenidos de
la materia. (Karina Montaño)
11.
La calidad
de la formación superior se soluciona con un buen sistema de tra exámenes ( de
ingreso y/o de egreso). Al respecto,
Steiman cita a Ángel Díaz Barriga:
… el examen es solo un instrumento que no puede por sí mismo
resolver los problemas que se han generado en otras instancias sociales. No
puede ser justo cuando la estructura social es injusta; no puede mejorar la
calidad de la educación cuando existe una drástica disminución del subsidio y los docentes se encuentran mal
retribuidos, no pueden mejorar los procesos de aprendizaje de los estudiantes
cuando no se atiende ni la conformación
intelectual de los docentes , ni al estudio de los procesos de
aprendizaje de cada sujeto , ni a un análisis de sus condiciones materiales.
Todos estos problemas, y muchos otros que convergen detrás del examen, no
pueden ser resueltos favorablemente sólo a través de este instrumento. “( María
José Cuadrado).
12.
Los docentes
necesitamos capacitación específica sobre herramientas de evaluación.
El problema de la evaluación en el nivel superior no se
soluciona capacitando a los docentes para que elaboremos mejores “pruebas
objetivas” o tomemos parciales con problemáticas que eviten la repetición
memorística de los contenidos. No se trata (solamente) de un problema técnico,
de aprender herramientas para evaluar, sino de entender la evaluación como un
aspectos de todo proceso de enseñanza y de aprendizaje. (Karina Montaño)


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